La palabra adolescencia suele asociarse a la frustración y la insatisfacción crónica. Sin embargo, detrás de esta queja continua no suele haber rebeldía ni ingratitud, sino una búsqueda de la identidad, por un proceso complejo de construcción del yo, que merece nuestra comprensión y nuestro apoyo, como padres y como adultos.
Lo primero que hay que hacer para ayudar a un adolescente con insatisfacción crónica es comprender su malestar y no minimizarlo. La queja continua es una señal de que al adolescente no le gusta la visión que tiene de sí mismo en el mundo. En esta etapa de la vida se entremezclan un montón de emociones como la envidia, la vergüenza, el miedo al rechazo, el deseo o el vacío, que el cerebro adolescente, aún en construcción, todavía no sabe gestionar bien.
Además, los adolescentes sienten todo con mucha más intensidad y se comparan constantemente con los demás. Esto es algo que ha existido desde siempre
-nosotros también nos comparábamos con nuestros iguales-, pero ahora que las redes sociales fomentan tanto la comparación y competición constante, nuestros hijos se frustran mucho más porque, por mucho que se esfuercen siempre va a haber alguien más guapo, más feliz o más molón que ellos…
Consejos para ayudar a un adolescente a afrontar la insatisfacción crónica
Sandra Gonzalez, psicólogo infantil en Málaga del Centro de Psicología y Salud Miray ofrece los siguientes consejos para ayudar a los adolescentes a afrontar los sentimientos de fustracción e insatisfacción:
1. Entender que la insatisfacción no es rebeldía, es malestar
Cuando se quejan por todo, muchos adolescentes en realidad están expresando una sensación persistente de vacío o frustración
Esta insatisfacción crónica suele estar relacionada con una autoexigencia elevada, la comparación constante y la dificultad para sentirse suficiente (nunca es suficiente lo que hago, lo que soy o lo que tengo).
Por eso, como decíamos al principio, el primer paso para ayudar a nuestros hijos adolescentes es escuchar sin minimizar (no sirve de nada decirles que“es la edad”o que ya les pasará”) y entender que a menudo actúan así porque no están sufriendo porque no se entienden a sí mismos.
2. Evitar invalidar lo que sienten, aunque no les comprendamos
Decirle a un adolescente que no tiene motivos para estar así o que hay gente que está peor no solo no le consuela, sino que puede aumentar su sensación de incomprensión y soledad.
En lugar de esto, es mejor decirle algo así como: “Entiendo que te sientas mal, aunque no sepa bien cómo ayudarte ahora.”
La validación emocional no significa estar de acuerdo, sino lograr que el otro se sienta comprendido.
3. Entender que la adolescencia es una etapa es compleja
Cuando sientas que no puedes más con tu hijo adolescente, toma aire despacio y recuerda que la adolescencia es un momento de cambios intensos en la identidad, las relaciones personales y el cuerpo, que además está lleno de inseguridades, como el acné, relaciones con los demás, incertidumbre por el futuro , etc. por el que todos hemos pasado con más o menos intensidad.
Sandra Gonzalez explicar que para ayudar al adolescente a reducir la carga emocional hay que transmitirle que no está fallando sino atravesando una etapa compleja.
4. Reducir la presión por estar bien o rendir siempre
Muchos adolescentes viven con la sensación de que nada de lo que hacen es suficiente: las notas, su cuerpo, las redes sociales, etc. y se angustian porque no sabern que quieren para el futuro… De hecho el uso excesivo de las redes sociales aumenta la ansiedad de los adolescentes. La experta de Miray insiste en que es importante transmitirles que:
- No tienen que tenerlo todo claro.
- Equivocarse forma parte del proceso.
- Su valor no depende de resultados ni de compararse con otros.
- Bajar la exigencia externa ayuda a aliviar la insatisfacción interna.
5. Fomentar espacios de conversación sin juicio ni soluciones rápidas
A veces, los adultos escuchan solo para corregir, aconsejar o solucionar.
Sin embargo, lo primero que necesitan los adolescentes es ser escuchados sin interrupciones.
Hay que intentar buscar momentos en los que padres e hijos puedan hablar libremente, sin móviles, sin prisas y sin juicios. Estas charlas tranquilas fortalecen el vínculo familiar y reducen el malestar emocional.
6. Ayudarles a poner palabras a lo que sienten
La insatisfacción crónica muchas veces es difusa: saben que algo no va bien, pero no saben explicarlo. Nombrar lo que pasa ya alivia.
En esos momentos de charla tranquila podemos ayudarles también a:
- Identificar emociones (frustración, tristeza, enfado, vacío).
- Diferenciar lo que sienten de lo que piensan.
- Entender que las emociones no son un problema, sino información.
7. Analizar el impacto de las redes sociales y la comparación constante
La compración continua con ideales irreales suele reforzar la sensación de no ser suficiente: » los demás son mejores, yo no estoy a su altura».
Hoy por hoy, y más estad edad no es viable prohibir las redes sociales porque todos las usan y si hay que algo que define a los adolescentes es el afán de actuar como sus iguales. Si se las prohibimos, las usarán a escondidas o con perfiles falsos, lo que aumenta los peligros.
Nuestro papel como adultos deberían empezar enseñándoles a usar bien el móvil, desde el momento en el empiezan a manejarlo (sea suyo o nuestro) para fomentar una mirada crítica en las redes sociales.
- Hay que hablar con ellos sobre lo que muestran y lo que esconden las redes.
- Pero también hay que enseñarles a usar las redes de una manera segura y hacerles ver que nunca deben compartir fotos o vídeos que no les gustarían que viésemos nosotros porque no saben donde pueden terminar esas imágenes.
- Al mismo tiempo hay que intentar equilibrar el tiempo que dedican a las pantallas con actividades que les conectan con el mundo real (deporte, ocio, salidas al campo, etc.)
8. Acompañar sin invadir: el difícil equilibrio entre la presencia y la autonomía
La experta de la clínica de Miray explica que los adolescentes necesitan sentir que hay adultos disponibles, pero sin sentirse vigilados o juzgados constantemente.
Los padres tenemos que estar disponibles emocionalmente y, al mismo tiempo, saber respetar sus tiempos
9. Observar señales de alarma
Si la insatisfacción se mantiene en el tiempo y se acompaña de aislamiento, irritabilidad constante, apatía o pérdida de interés, cambios importantes en los ritmos de sueño o alimentación, es aconsejable pedir ayuda profesional para cuidar al adolescente.
La falta de sueño, acuciada a menudo por el uso de las pantallas, es una de las causas de que los jóvenes de ahora parezcan siempre cansados.
10. Considerar el apoyo psicológico como un espacio seguro
La terapia psicológica puede ofrecer al adolescente un lugar neutral donde expresarse sin miedo, trabajar su autoestima y entender lo que le ocurre.
El hecho de tener que pedir ayuda profesional no significa que se haya fracasado en casa. La adolescencia es una etapa muy difícil y los padres muchas veces no tienen las herramientas adecuadas para ayudar a su hijo. Al recurrir a un experto, se prioriza el bienestar emocional del menor.
Pero, sobre todo, ayudar a un adolescente con insatisfacción crónica no consiste en convencerle de que todo está bien, sino en acompañarle mientras aprende a entenderse, a aceptarse y a sentirse suficiente tal y como es.
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