En la actualidad, muchos padres duermen con sus hijos. Esta práctica se llama colecho y si se hace guardando unos mínimas medidas de seguridad, que puedes consultar en el artículo medidas de seguridad para dormir con el bebé puede tener muchos beneficios para el bebé, que duerme más seguro y tranquilo teniendo a sus padres cerca y también para el sueño de los padres. Además, el colecho facilita la lactancia materna. Puedes ampliar información en el artículo sobre los  colecho.

Pero, a veces, llega un momento en el que los padres se plantean pasar al niño a su propia cuna o cama, ya sea porque viene de camino un hermanito o  porque ellos o el niño no descansan bien. ¿Cómo dejar el colecho y pasar al niño su propia cama sin que el niño lo pase mal?

Al igual que ocurre con el paso de la cuna a la cama o del cuarto de los padres a un cuarto propio, conviene preparar al niño para el cambio y hacerlo de forma progresiva, sobre todo si se hace porque viene otro bebé en camino, que puede provocar los temidos celos.

Sobre todo, no conviene cambiar al niño  de golpe a otra cama y a otra habitación, ni tampoco es bueno hacer coincidir el cambio con otros cambios importantes, como la entrada en la guardería o la llegada de un hermanito. Es mejor hacerlo antes, con tiempo. Si no es posible, una solución sería que el padre duerma con el niño mayor y la madre con el recién nacido, hasta que el niño mayor esté preparado para dormir solo.

Tampoco es aconsejable hacerlo entre los 8 y 10 meses, pues hacia los 8 meses  los bebés empiezan a darse cuenta que su madre y él son dos personas diferentes y muchos pasan por una etapa llamada fase de angustia de separación en la que les cuesta mucho separarse de su madre o su padre.

Consejos para pasar de la cama de los padres a una cama propia

  • El primer paso sería colocar una cuna o el colchón de la cama donde va dormir en el dormitorio de los padres para poder tenerle cerca. Una vez que el pequeño se haya acostumbrado a la cuna, sería el momento de cambiarle a otra habitación.
  • Ahora más que nunca es fundamental segur una buena rutina de sueño: baño, cena, un rato de mimos, un cuento… y si lo quiere  ofrecerle un objeto de consuelo que pueda permanecer con él todo la noche y que esté a su lado cuando se despierte. Si no lo quiere, no hay que preocuparse, no todos los niños desarrollan apego por un objeto de consuelo. Pero cuando lo desarrollan suele ayudarles mucho por la noche, porque cuando se despiertan buscan a su lado las mismas condiciones con las que se durmieron. Por esta razón, si se duerme con una luz encendida o en brazos la necesitará  cuando despierte, y si está habituado a dormir en contacto con mamá o papá, también los buscará cuando despierte. Por ello, si el niño está acostumbrado a dormirse con el contacto físico, al principio habrá que tener mucha paciencia y estar con él tranquilizándole hasta que se duerma.
  • Procura que el niño pase tiempo en su cuarto durante el día, pasa tiempo con él allí y nunca lo utilices como un  lugar de “castigo”.
  • Deja las puertas de los dormitorios siempre abiertas.
  • Si se despierta hay que atenderle lo antes posible, nunca hay que dejar llorar a un bebé hasta que se duerma, esto solo le producirá inseguridad que entorpecerá aún más su sueño.
  • Al principio, es habitual que los niños más mayorcitos abandonen su cama a media noche y se vayan de nuevo a la de los padres. No hay que enfadarse ni regañarles por ello, sino entender que necesita tiempo. Tampoco pasa nada porque lo haga de vez en cuando. Quizá una buena idea sea establecer un día de la semana para dormir juntos.

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