Según datos de la Asociación Española contra el Cáncer, el cáncer de cérvix (también llamado cáncer del cuello de útero) es el segundo cáncer más frecuente en las mujeres, después del cáncer de mama. No obstante, en los países desarrollados la incidencia ha disminuido drásticamente en las últimas décadas gracias a las medidas para prevenir el cáncer de cérvix.

En España, en 2020 se diagnosticaron 1.957 casos nuevos de cáncer de cérvix, lo que supone aproximadamente el 3% de los tumores femeninos.

La supervivencia también ha mejorado en los últimos años y se espera que siga haciéndolo gracias al diagnóstico precoz de este tipo de cáncer.

¿Qué se puede hacer para prevenir el cáncer del cérvix?

Las dos cosas más importantes que se pueden hacer para prevenir el cáncer de cérvix son:

  1. Hacerse de forma periódica las pruebas de prevención temprana (screening o cribado) para poder diagnosticar precozmente las lesiones pre-malignas del cuello del útero.
  2. Vacunarse contra el virus del papiloma humano (VPH).

El doctor Lucas Minig, ginecólogo especialista en cáncer, nos explica, a continuación cómo se realizan y para qué sirven las pruebas de prevención temprana y también cómo influye el virus del papiloma humano en el cáncer de cérvix.

Citologías para diagnosticar las lesiones pre-malignas del cuello uterino

La principal causa del cáncer de cérvix  es el  virus del papiloma humano (VPH), un virus muy frecuente que se transmite por vía sexual. Se estima que el 90% de las infecciones por VPH en las  mujeres remite de forma espontánea, pero en un 10% de los casos el virus persiste y en un 1% se acaba desarrollando un cáncer de cérvix.

Las pruebas de detección temprana ayudan a detectar el VPH para así poder tomar medidas que evitan que se desarrolle un cáncer de cérvix.

Por lo tanto, la mejor forma de prevenir el cáncer de cuello uterino es hacerse regularmente pruebas de detección temprana para encontrar lesiones que pueden llegar a convertirse en un cáncer.

Para ello se realizan dos pruebas específicas:

  • La prueba de Papanicolaou, llamada así por el médico griego que desarrolló la técnica en la primera mitad del siglo XX. Es lo que popularmente llamamos citología cervical.
  • La prueba de detección del VPH, que busca fragmentos del ADN del virus en las células del cuello uterino

La citología permite detectar cambios celulares anormales en el cérvix y la prueba de detección del VPH permite diagnosticar una infección por alguno de los diferentes tipos de VPH de alto riesgo que tienen más probabilidades de causar lesiones pre-malignas y malignas del cuello uterino.

Ambas pruebas se pueden hacer a la vez en la misma consulta médica de forma sencilla.

  1. Para obtener células superficiales del cérvix, el ginecólogo introduce por la vagina una pequeña espátula que realiza un suave raspado en el cuello del útero.
  2. La muestra obtenida se deposita en un cristal especial, o se mete en un líquido conservante, para examinarla después con el microscopio. Con las muestras del cérvix también se puede hacer una prueba del VPH en el laboratorio.

Si con las pruebas se detecta un riesgo o lesiones pre-malignas o malignas, se harán más visitas de seguimiento o más pruebas y si es necesario, se trataran las lesiones.

Las verrugas, papilomas o cualquier crecimiento anormal causado por el VPH se pueden tratar eficazmente, con lo que se disminuye el riesgo de cáncer de cérvix.

Es importante saber que la mayoría de los cánceres de cuello uterino invasivos se dan en mujeres que no se hacen citologías con regularidad.

Para evitar el mayor número posible de errores al realizar la citología, se aconseja evitar las relaciones sexuales, los lavados y cremas vaginales en las 48 horas previas.

En las mujeres asintomáticas (que hayan iniciado actividad sexual) de 25 a 30/35 años se aconseja hacer al menos una citología de cribado cada 3 años. A partir de los 30-35 años y hasta los 65 años, se aconseja la prueba del VPH cada 5 años  o la citología de cribado cada 3 años.

Consejos para prevenir las lesiones pre-malignas y malignas en el cuello del útero

Dependiendo de  edad, el estado de salud y riesgo personal  se pueden hacer diferentes cosas para prevenir el cáncer de cuello de útero.

1.Vacunarse frente al VPH

La vacuna del Virus del Papiloma Humano está incluida para todas las niñas a los 12 años en el Calendario de Vacunación Único del Ministerio de Sanidad y se incluye por lo tanto en todos los calendarios de vacunación autonómicos.

La Asociación Española de Pediatría la recomienda también para los varones de la misma edad en su calendario de vacunación infantil para 2021, pero de momento no está incluida así en los calendarios oficiales públicos.

La vacuna puede ayudar a proteger contra la infección por los tipos de VPH más comúnmente relacionados con el cáncer, y también contra algunos tipos que pueden causar verrugas anales y genitales.

Ahora bien, la vacuna solo sirve para prevenir la infección por VPH pero no trata una infección que ya existe. Por eso que, para que sea más efectiva debe administrarse antes de que una persona se exponga al VPH y esto solo puede asegurarse si todavía no se han iniciado las relaciones sexuales.

Los efectos secundarios de la vacuna suelen ser leves. Los más comunes son enrojecimiento, hinchazón y dolor a corto plazo en el lugar de la inyección.

2. Usar preservativo

El VPH se transmite por contacto con las superficies mucosas y cutáneas con personas infectadas. Aunque el uso de preservativo no elimina al 100% la posibilidad de transmisión  durante la relación sexual, porque no cubre todas las áreas del cuerpo posiblemente infectadas con el VPH, como la piel del área genital o anal, brinda protección contra el VPH y, además, también ayuda a proteger contra elvy algunas otras infecciones de transmisión sexual.

3. No fumar

El tabaco debilita el sistema inmunitario y daña el ADN de las células del cérvix, lo que puede favorecer el desarrollo del cáncer de cérvix.

Además, hay otros factores que aumentan el riesgo de sufrir cáncer de cuello de útero en las mujeres portadoras de VPH como el inicio de las relaciones sexuales en edad temprana, un sistema inmunitario debilitado, las infecciones por Clamidia,  el sobrepeso y el uso prolongado de anticonceptivos, que es mayor cuanto más tiempo se tomen los anticonceptivos y que se reduce a los 10 años de dejar de tomarlos.

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