Durante el I Congreso Digital de la Asociación Española de Pediatría, celebrado recientemente, el Grupo de Sueño y Cronobiología de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha presentado los resultados de un estudio sobre el sueño infantil realizado en la Comunidad Valenciana que demuestra que los escolares muestran somnolencia por las mañanas y lleva a la conclusión de recomendar retrasar 30 minutos la hora de inicio de las clases para mejorar el rendimiento escolar

Según este estudio, 1 de cada 5 estudiantes va a clase con signos de somnolencia,un 40% asegura tener dificultades para despertarse por la mañana y un 29% para mantenerse despierto en clase. Además, un alto porcentaje de los adolescentes encuestados afirma no dormir las 8 horas recomendadas.

La carencia crónica de sueño en los niños en edad escolar repercute directamente en su rendimiento escolar y a corto-medio plazo en su calidad de vida.

El deporte y la exposición a la luz de noche alterna el reloj interno del sueño

Según explica el coordinador del Grupo de Sueño y Cronobiología de la Asociación Española de Pediatría (AEP), el doctor Gonzalo Pin, existe un reloj interno, situado en la zona del hipotálamo, vinculado estrechamente a los marcadores de luz, actividad y otros estímulos externos. Este reloj interno se reinicia aproximadamente. cada 24 horas.

En palabras del experto: “Históricamente hemos usado las horas centrales del día, es decir, las horas de luz más blanca, para realizar acciones con mayor carga de actividad, de modo que, a medida que se iba apangando la luz, el cuerpo y la mente se iban relajando predisponiendo al organismo para el sueño”. El problema es que el ritmo actual es muy distinto: al atardecer los niños realizan actividades deportivas y, después, en plena noche exponemos a nuestro cerebro a la luz blanca de las pantallas, dos actividades que sugieren a nuestro cerebro que todavía queda tiempo para irse a dormir. “todo esto puede engañar a nuestro cerebro, alterar el reloj interno, provocar alteraciones en la conducta y, sobre todo, en el aprendizaje,” añade el experto.

La capacidad de aprender a primera hora de la mañana es más baja

Según explica el experto “no sólo importan  cómo se hacen las cosas, sino cuándo, y en este sentido hemos aprendido que,  la capacidad de aprendizaje a primera hora de la mañana es mínima, que aumenta progresivamente hasta las 11 de la mañana (que comienza decaer ) y que vuelve a subir después de comer. Por ello, sabemos que no es lo más sensato poner matemáticas a primera hora ni realizar actividad física  después de comer que es cuando los niños tienen más capacidad de aprendizaje”, asegura el doctor.

Retrasar 30 minutos la hora de inicio de las clases mejora el rendimiento

En varios países, como California, Israel o Alemania se optado por retrasar 30 minutos la hora de inicio de las clases y “los estudio realizados al respecto han demostrado que se han reducido a la mitad los problemas de conducta entre los escolares, lo que ha mejorado así su rendimiento”.

Las mismas conclusiones se desprenden del Proyecto SHASTU dentro del programa Erasmus + de la Unión Europea, en el que, participaron, durante 3años, España, Italia y Turquía. Para realizar este proyecto se formó a las familias y comunidades docente en la higiene del sueño y la influencia del reloj interno en el desarrollo de determinadas actividades y aprendizaje, y se seleccionaron las asignaturas en función de los ritmos biológicos, dentro del horario escolar. Los resultados muestran una reducción drástica de los problemas para dormirse, los niños y adolescentes se despertaban menos por las noches y no se levantaban tan cansados, y curiosamente, los alumnos que tuvieron mejor rendimiento escolar y mejor conducta fueron los que antes tenían peores calificaciones.

El covid ha aumentado la inseguridad de los niños a la hora de dormir

Durante el congreso también se ha abordado la influencia de la pandemia del covid en el sueño infantil.

En una encuesta realizada a más de 12.952 familias, los datos revelan que antes del confinamiento un 3% de los niños tenía pesadillas, frente al 14% que asegura haberlas tenido durante el confinamiento.

En la misma encuesta, antes del confinamiento el 56% de los niños encuestados decía que les gusta irse a dormir, después la cifra bajó al 33%.

Según explica el experto:.  “la sensación de inseguridad que tenían, les producía una desconexión nada agradable. Para que un niño duerma bien tiene que sentirse seguro y querido, tiene que tener la certidumbre de que si hay algún problema, su ambiente va a responder. Si sus padres, tutores, docentes, etcétera, les trasladamos sensación de ansiedad, no solo no querrá irse a dormir, sino que no querrá irse solo, un temor que también aumentó durante el confinamiento de un 36% a un 47%.”, concluye el doctor Pin.

 

 

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