Ahora que los niños vuelven al cole es importante comprobar que ven bien pues los problemas de visión pueden dificultar el aprendizaje.

Según explica el doctor José Visa, especialista en oftalmología pediátrica de IMO Miranza, la agudeza visual se desarrolla desde el nacimiento hasta los ochos años, y a  partir de esta edad, los problemas que no se han tratado, como el ojo vago, pueden convertirse en crónico e irreversible en la vida adulta.

Eduardo Morán, del Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas de España (CNOO) recomienda a realizar una revisión visual para identificar a tiempo problemas oculares que puedan afectar negativamente al rendimiento académico, como es el caso de la
ambliopía.

Los problemas de visión en la infancia

1. Ojo vago

Según datos del ‘Libro Blanco de la Salud Visual en España 2022’ del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO), la ambliopía u ojo vago es una alteración visual que afecta a más de 100.000 niños.

La ambliopía es la causa más frecuente de pérdida de visión en los niños y que afecta a casi un 4% de los pequeños. Además, la pérdida de visión que provoca puede mantenerse de adulto si no se soluciona a tiempo en la infancia.

Según explican desde el Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO), la ambliopía produce una pérdida de visión central (ya sea agudeza visual, sensibilidad al contraste, binocularidad o percepción de movimiento, entre otros) potencialmente reversible, que resulta de la estimulación anormal o inadecuada del sistema visual durante un periodo crítico del desarrollo temprano de las personas.

Este problema puede estar relacionado con la hipermetropía, que obliga a los ojos a hacer un esfuerzo extra. Una de las principales señales de ojo vago infantil es el hecho de acercarse mucho los objetos a la cara.

Según explica el oftalmólogo Martin Azevedo, especialista de la Clínica Miranza IOA, “la hipermetropía implica un ojo más corto de lo normal y la miopía un ojo más largo. Los niños, normalmente, son hipermétropes porque su ojo es pequeño y más corto que en los adultos y crecen al hacerlo el niño hasta volverse emétropes, es decir, sin graduación». El experto añade que «cuando un niño de pequeño es hipermétrope, es muy habitual que al crecer deje de serlo.  Es lo que llamamos hipermetropía fisiológica, que es una hipermetropía que luego de adulto se quita”.

Por ello oftalmólogo, indica que: “llevar gafas desde pequeños permite al niño tener un desarrollo visual normal y evitar un ojo vago. Muchas veces, los ojos vagos se acaban torciendo para adentro o para fuera. Por ello, si corregimos al niño desde pronto también podemos evitar, aparte de tener un ojo vago, tener un estrabismo”.

El óptico Eduardo Morán añade que «el ojo vago no es solo  un problema en la agudeza visual, sino que también afecta a la calidad de vida y a la autoestima del niño por lo que es fundamental su detección precoz y el tratamiento a tiempo».

Por todo ello, conviene acudir a revisión con un experto si se detectan en el niño alguna de estas señales de alarma que indican que algo no va bien:

● Desviación de algún ojo en cualquier distancia.
● El niño guiña un ojo cuando sale a la calle o cuando lee.
● Frotarse continuamente los ojos.
● Dolores de cabeza tras un esfuerzo para ver de cerca.
● El niño dice que tiene visión borrosa o visión doble en alguna distancia.
● Baja comprensión lectora.
● Mala coordinación ojo-mano.
● El niño se acerca demasiado cuando realiza tareas en cerca

2. Defectos refractivos

Los defectos refractivos (hipermetropía, miopía y astigmatismo) afectan a 1 de cada 5 niños. Estas tres patologías provocan mala visión por el desenfoque que hay de los objetos en la retina, de forma que la imagen que llega al cerebro no es nítida.

La miopía está aumentando mucho en los últimos años en los niños y adolescentes como consecuencia del uso de pantallas y aparatos electrónicos que fuerzan la vista de cerca.

3. Otros problemas de visión

Además, aunque en una proporción mucho menor, los niños pueden padecer cataratas congénitas, estrabismo infantil, ptosis palpebral congénita o un glaucoma congénito.

En qué fijarse para detectar problemas de visión en los niños

  • En los bebés, una de las señales más importantes es el desinterés en coger juguetes u objetos o evitar mirar a la cara de los padres.
  • A partir del año conviene consultar al oftalmólogo si el niño se acerca mucho a la televisión u otras pantallas para ver mejor, tiene dificultades con la lectura o sufre dolores de cabeza al final del día.

El doctor Martin Azevedo  aconseja realizar una primera revisión en oftalmólogo, entre los cuatro o cinco años, antes de que los niños empiecen Primaria, salvo que los padres observen algo en la vista del niño que les preocupe antes”. A partir de esta edad, el especialista aconseja realizar una revisión anual para comprobar que  está todo bien. Un buen momento para hacerlo es al inicio del curso escolar, para confirmar que el niño no tiene problemas visuales, que ve bien la pizarra y que va a estar en perfectas condiciones para afrontar el año escolar.

Tienes más información sobre cómo detectar los defectos visuales en los niños en el artículo Síntomas que pueden indicar que tu hijo no ve bien

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